Compartir

sábado, 22 de diciembre de 2007

Dios Canon, por Javier Capitan

(Como se puede comprobar en la imagen, el dios canon lleva en la mano la cajita de un CD)

Me acuso de haber estado equivocado con respecto a lo del canon. Es verdad, reconozcamos que si no hay canon digital no habrá cultura y que lo que nos espera es un páramo de incultura, banalidad y hasta brutalidad. Sin canon nos encaminamos irremisiblemente al empobrecimiento de la especie.

Es cierto, si no pagamos un canon por nuestra tendencia patológica a realizar copias, copias de todo, de algunas canciones, algunas películas, todas nuestras fotos, todos nuestros trabajos, todas nuestras películas, si no pagamos un canon por todo ello nadie nunca más compondrá una canción ni hará una película ni un videoclip ni un corto ni nada.

De todos es sabido que el interés del hombre por las manifestaciones artísticas nació con el canon. Antes, la humanidad se dedicaba a la caza, a sobrevivir en un entorno de brutalidad luchando por la supervivencia. Hasta que llegó el canon los pueblos nunca hicieron ninguna aproximación a nada que pudiera llamarse cultura o arte. Fue con la aparición de canon cuando empezaron a florecer las artes. Los primeros cantos acompañados de una rudimentaria percusión vieron la luz cuando se instauró un canon en la humanidad. Hasta entonces, nadie tuvo la inquietud ni la creatividad necesaria para lanzarse a ello. El interés por la literatura y las manifestaciones teatrales, por supuesto, nacieron por generación espontánea en cuanto se estableció el canon en las sociedades antiguas. Ni que decir tiene que lo mismo sucedió con la pintura o la escultura. El canon es un instrumento de difusión de la cultura tan potente que contagia a otras ramas del arte incluso aunque no estén amparadas por él.

Nadie sin el canon se hubiera puesto a crear instrumentos musicales, porque sabían que jamás iban a ser utilizados. Ni Beethoven ni Mozart ni Bach ni Chopin ni Schubert ni Haydn ni Händel, entre otros muchos, hubieran jamás escrito nada si no hubiera sido por el canon. Nadie hubiera compuesto tangos ni boleros ni jotas ni fados, ni flamenco ni muñeiras ni milongas ni ninguna otra manifestación del folclore. Nadie hubiera escrito un libro, ni pintado un cuadro ni realizado una escultura en una sociedad huérfana del canon, porque aunque estos últimos artistas no se beneficien del canon, de todos es sabido que Goya, Velásquez, El Greco, Zurbarán, Miguel Ángel o cualquiera otro que se dedicara a pintar y a esculpir, siempre lo hicieron bajo el contagio de una musiquilla que escuchaba de fondo. Desde luego, mi amigo Fermín Ramírez de Arellano, tiene música de fondo cuando pinta en su estudio y por ello es del todo justo que pague un canon por guardar las fotografías de sus cuadros en CD’s.

En definitiva, he visto la luz. A partir de hoy me convierto en un devoto el dios canon (el dios protector de las artes) sin en cual nunca ninguna manifestación artística vería la luz. No sé si es el dios protector de las artes o del negocio que se mueve en torno al arte, pero eso es sólo una cuestión de matiz.

Y que nadie se equivoque. Yo creo que los artistas tienen todo el derecho de vivir (y muy bien si son buenos) de su trabajo. Pero el mundo cambia y cambian los negocios. Hoy ya no compramos máquinas de escribir y quien no supo adaptarse a los nuevos tiempos tuvo que cerrar, porque nadie les iba a dar unos céntimos por ordenador vendido para compensarle. Pues eso.


Link completo al blog oficial de Javier Capitan

No hay comentarios: